sábado, 22 de abril de 2017

EL MEDIO LIBRO.


El remisero le preguntó qué iba a hacer a un lugar tan alejado de su casa.
 A ella le dieron ganas de contarle con cierto orgullo “me voy al velorio de mi papá”. Le pareció rara la idea de mencionar que también había tenido un padre, como cualquier hija de vecino; que ella  no era una anomalía de la naturaleza, que no había nacido de un repollo, y que aunque su padre se le había hecho presente esa tarde,  justamente a través de  la noticia de su muerte, era una manera de reafirmar que alguna vez existió.
De todas formas, no le contestó al odioso del  remisero y siguió mirando por la ventanilla mientras el otro daba vueltas con el auto y no le acertaba a la dirección en cuestión.
-La voy a tener que dejar acá, en la avenida. Hace rato que terminó mi turno- el hombre intentaba excusarse.
-Mejor.
Le pagó lo que el tipo le pidió y bajó casi aliviada. “Estúpido” pensó y enseguida buscó a alguien que la orientara para llegar. La vereda estaba colmada de paradas de colectivos.  Había mucha gente regresando del trabajo.
Les preguntó a algunos hombres con paso cansado y a  mujeres  cargadas con bolsas  de verduras,  que volvían de limpiar casas ajenas. Caminó muchas cuadras entre ellos, hasta que los puestos precarios que ofrecían medias, chipá, y ratoncitos de goma se fueron espaciando y desaparecieron. Siguió por calles solitarias.
No sentía  miedo porque la ansiedad la agobiaba. Todavía no era dolor. Cuando por fin dio con la dirección, creyó estar equivocada. La sencillez de la sala velatoria hacía juego con el barrio. No había ningún cartel. Se notaba que era una vivienda apenas acondicionada.
 En lo que había sido el comedor estaba el ataúd, conteniendo medio cuerpo. Arrimadas contra la pared,  unas pocas sillitas vacías.
 La ventana que daba a la calle tenía la persiana levantada y una cortina de color indefinido impedía ver desde afuera.
 Algunas horas antes, mientras estaba trabajando, se enteró de la noticia. Por supuesto que no pidió salir antes ni comentó nada. Pasó por su departamento y conmocionada como estaba, buscó su medio libro y lo guardó en la cartera: la única herencia que había recibido.
Hacía tiempo que no lo miraba pero lo había leído muchas veces. Contaba la historia del regimiento glorioso que se cansó de ganar batallas contra los déspotas, pero al final de la guerra, aprovechando la ausencia del general, se sublevó y se unió al enemigo.
¿Qué tipo de persona lee algo así? 
Nunca supo como terminó la historia porque al libro le faltaba justo la mitad. Era una edición barata, de bolsillo.  Tenía una dedicatoria ilegible. Ella lo había rescatado de las ruinas del hogar.
Llegaba a la página 35 y estaba perfectamente separado del resto, con un corte limpio y prolijo. Posiblemente tan exacto como  el que amputó las  piernas del padre.
-Todo lo que sé de mi papá se puede resumir en una hoja de cuaderno- había confesado una vez.
En esa hoja, hubiera podido escribir algunos datos sueltos. No obstante ignoraría para siempre  las razones  profundas del fracaso paterno. Lo mismo que le pasaba con la historia de los soldados que se hartaron de pelear.
En silencio empezó a llorar. Sentada sola, sin una flor, sin una palabra de ocasión que pudiera reconfortarla, como si  ninguno de los dos la mereciera.
 El crucifijo de rigor en la pared  cobijando los restos de una vida desconocida y mutilada. Y ella con su querido medio libro en el regazo. Se acercó al ataúd, y con mucho cuidado,  como si se tratara de una ofrenda, lo acomodó junto al medio cuerpo de su padre.
De algún lado le llegó algo parecido al afecto, como una paz inaudita.
-Chau viejo.
Salió despacio. Ya era noche cerrada.
 Definitivamente sería un problema emprender el regreso desde un suburbio tan apartado.





6 comentarios:

  1. Odioso y estúpido remisero, debería hacer mejor su trabajo, en lugar de juzgar a través de esa pregunta.

    Demoledora historia que contás, el libro incompleto no es un detalle menor. Tuvo noticias de su padre justamente por la muerte.
    Demoledor por lo bien contado.
    Saludos.

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  2. Para mi fue demoledor escribirlo. Te agradezco.

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  3. Temática dura. Te salió muy bien Gra.
    Beso!

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  4. Gra, me dejaste sin respirar por un rato...
    Esa mujer recibió una de las mejores herencias: un libro (media historia con más historia que tres libros juntos). Cada vez me convenzo más que los libros que elegimos nos definen bastante y más si lo ofrecemos a alguien en especial.
    Esa mujer tiene un padre especial, y eso basta para su perpeuta celebración.
    Te quiero Gra!

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  5. Yo creo que los libros que se reciben, sobre todo en la niñez, nos marcan de por vida. Sigamos celebrando los libros!!! Te quiero mucho, prima.

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