jueves, 8 de junio de 2017

Bien lejos de Puente Blanco





  El hombre, sin apartar la vista del partido, le dijo a su mujer:
-Mirá a ese pibe.
-Ya lo ví.
-El de amarillo.
-Ya sé.
 La sra. de Oliveira tenía el ojo entrenado.
-Es un fenómeno, cuando terminen, voy a hablar con él- Oliveira ya pensaba en reclutarlo.
 -Estamos de vacaciones.
-Es un minuto.
-¡Dásela al Facu!- alguien gritó y el chico de amarillo, menudito y morocho, le pegó de aire, la clavó en el ángulo y fue llevado en andas hasta la mitad del campito polvoriento.
 Los ojos del Facu, inexplicablemente verdes, brillaban de júbilo. Si  usara turbante, se confundiría con un poblador de las montañas de Afganistán. Pero los cerros que rodean a Puente Blanco son  más amigables. Comparten sus tonos ocres con las casas y la comida de la gente.
Oliveira ubicó enseguida a la familia.
-Usted  sabe que este chico tiene un don especial. En Buenos Aires puede llegar a ser un gran jugador- al coordinador de las divisiones inferiores le costó bastante convencer al padre: tres viajes a la quebrada y la promesa de cuidarlo como a un hijo.
Al Facu lo instalaron con otros pibes en una pensión blanca y ordenada.  Entrenamiento a la mañana, escuela a la tarde y gimnasio tres veces por semana. El resto era dormir y llorar.
El día del examen físico para la inscripción oficial, lo despertaron muy temprano.
 Lo vinieron a buscar a él y a tres chicos más de la pensión.
El viaje en tren fue tranquilo, pero en la escalera mecánica del subte, casi tropezó al final del trayecto.
Bajaba la mirada  para evadirse de las cargadas de sus  compañeros, pero cuando se sentó en el   vagón  no pudo disimular el asombro al ver a  una  mujer  embarazada vendiendo  curitas. Era muy flaca y le faltaban casi todos los dientes.  Estaba convencido de que en Puente Blanco ninguna señora andaba así, tan sola y pobre.
Cuando salieron de la estación, el tránsito alterado del Centro lo aturdió. Enseguida entraron a un hospital enorme y lleno de gente haciendo filas en los pasillos.
Primero le extrajeron sangre. Fue el último en entrar y se mareó pero no dijo nada y solamente salió tanteando la pared para no caerse.
Después le hicieron una placa de tórax y se puso nervioso porque no sabía dónde dejar su ropa y el radiólogo que lo apuraba  y que le dijo secamente  “Esperá acá” y el chico que dudaba entre  vestirse o quedarse así.  A los pocos minutos el tipo le entregó la radiografía con la orden de llevársela al médico que le iba a hacer la revisación.
Facu salió de la sala de rayos y ya no supo para que lado caminar. No veía a nadie conocido.
Llegó a hall central del viejo hospital. Estaba seguro de que no habían pasado por ahí. Subió y bajó las escaleras de mármol varias veces. Miraba las flechas que ordenaban el tránsito resignado de la gente pero que no tenían sentido para él. El tiempo pasaba y cada minuto se asustaba más.
Salió por una puerta que daba a un lateral del edificio.  En una especie de vereda amplia, había andamios y materiales de construcción pero nadie estaba trabajando. Se sentó en el piso, rodeó sus piernas privilegiadas con los brazos y hundió la cara entre las rodillas. No había manera de disimular el miedo ni la pena.  Lloró mucho.
-¿Qué va a pensar Oliveira?, seguro me manda de vuelta…
-¡Acá está, acá está! ¿Dónde te habías metido boludo?-los gritos de uno de sus compañeros lo puso en guardia.
Se paró de un salto.
-¡Ehhh viejo, por fin!  ¿Tanto tiempo tardaron? ¿Cuándo vamos a comer?- dijo evitando la mirada del entrenador.
Oliveira respiró aliviado.
El Facu , con cara de enojado y sacando pecho,  pasó por delante de todos como si enfilara  para el medio de la cancha después de meter un gol olímpico. 







4 comentarios:

  1. Un cuento a lo Osvaldo Soriano, donde el fútbol a veces pasa tangencialmente, y otras es el centro
    Beso!

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  2. Son años de mirar fútbol. Además, siempre me pareció más que un deporte. Cuando iba a la cancha, me interesaba todo, no sólo el partido. Gracias por tomarte el tiempo y leer lo que escribo. Cariños.

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  3. No debe ser fácil lo de viajar a Buenos Aires, para hacer una carrera de futbolista.
    Pero tiene la determinación, capaz que triunfa.

    Un abrazo

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  4. Tiene la determinación de un delantero!!! Gracias por leer.

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