martes, 25 de julio de 2017

IMÁGENES CON SAL


Los niños rubios hacían fila  con los brazos en cruz, esperando que la madre los untara con bloqueador solar. Los nuestros,  saltaban como pajaritos por la playa empedrada de Niza.

El camino serpenteaba por la isla ventosa en busca del ferry que nos acercaría a Puerto Montt. El agua helada se escurría  por los pantalones y mojaba el asiento trasero del auto.

 La única palmera  del cayo cubano nos mezquinaba su sombra. En torno al tronco, juntábamos coraje para correr por la arena ardiente hasta las olas diminutas.

Nunca supimos  resistirnos al mar.



viernes, 14 de julio de 2017

CUMPLEAÑOS EN LA PLAZA



 Las llagas en la boca no la habían dejado dormir. Recién cuando el sol empezaba a salir, un sueño dulzón le acompasó el aliento.
Cerca del mediodía, Karen se despertó de golpe.
 Como de costumbre, encendió el televisor desde la cama y se aburrió enseguida. Puso música.  Se arregló.
Ya en la cocina  tomó su tecito de hierbas para acompañar el primer analgésico del día.
 Miró el reloj;  y llamó a su amiga.
-Si yo no te llamo…… , aflojá con la cocina. Comprá comida hecha. ¿Te acordaste de la consulta con mi cosmiatra? Si, la de la calle Guido, en Recoleta. No es tan cara, además no podés ponerte en manos de cualquiera. Ya estuve averiguando por un cirujano que te hace un tratamiento no invasivo con botox. Después te cuento. Me lo recomendaron en el crucero que hice en marzo. Si, ese que vos no quisiste venir. Igual era de solos y solas. Ahí conocí al candidato a intendente ¿Te acordás? Un divino. Lo iba a llamar pero como no ganó  debe estar bajoneado. Además Germán me invitó a ir a Miami para fin de año. No sé, a lo mejor voy.  ¿Qué te vas a poner para los cincuenta de Ana? Yo ya alquilé un disfraz de Sultana. ¿Qué cómo es? Qué sé yo… cómo de odalisca pero más tranqui. Te aviso para que alquiles otra cosa. Le dije a Germán pero no quiere ir. Viste cómo es. Y bueno, es así. Mejor, no lo tengo que aguantar. ¿Te acordás del alemán que salía conmigo cuando estábamos en quinto año? De la que me salvé…..lo ví el otro día: pelado y panzón. ¡Mamadera! Y la mujer…..un desastre, una gorda con el pelo colorado que parecía mi mamá. Hablando de madres, tengo que regalar la ropa de la mía  y no tengo idea. Después me decís dónde puedo ir. Casi me olvido, ya te cambié el jean.  Te conseguí uno con  más onda,  elastizado y con strass en los bolsillos, para usar con las bucaneras.¿ Cómo qué bucaneras? Las que te regalé porque me quedaban grandes. El sábado arreglamos con las chicas de salsa para ir a bailar, Ni te digo porque seguro que no podés .  Siempre igual vos. Ay.., te dejo que me tocan el timbre.
Miró por la ventana.  Era uno de los  chicos  que siempre  pasaban pidiendo.  Los conocía bien. Flaquitos a morir, pelo rapado, marcas en las caras de antiguos piercings, unas gorras que parecían ollas invertidas sobre las cabezas. Éste tendría más o menos veinte años. El primer impulso fue no salir. El pibe volvió a tocar el timbre.
Fastidiada, Karen abrió la puerta.
-Disculpe doña.
-Te disculpo pero no me digas doña-se arregló el pañuelo de seda.
-Eh……disculpe…-el chico titubeaba.
-¿Otra vez?-ella lo increpó con impaciencia.
-¿No tiene algo patrona?
Karen lo volvió a examinar y no le pareció peligroso.
-Esperá. Plata no te voy a dar.- le dijo secamente.
Entró y buscó en la alacena. Metió en una bolsa un paquete de fideos, galletitas  y dos latas de atún.
Al pasar por el living, miró la manta peruana que ya estaba descolorida por lo vieja y que tantas veces estuvo a punto de tirar. Hacía años que cubría el respaldo de uno de los sillones de cuero.
Tomó la manta, la dobló y la puso en la bolsa.
Salió y se ingenió para pasarle las cosas sin tener que abrir la reja.
-Gracias patrona-el chico estaba incómodo.
Ella retuvo la bolsa.
-No soy tu patrona. Decime, ¿Por qué no trabajás vos?
-Trabajo. En un lavadero de autos, pero hace dos días que llueve. De día paramos acá en la plaza.
-¿Cómo que paran en la plaza?¿Quiénes?
- Yo, mi novia y la nena.
Los ojos de Karen permanecieron grandes y quietos. Es cierto que desde que se había retocado  parpadeaba menos, pero esta vez la expresión le venía de adentro.
-¿Tenés  una hija?-Sabía que era una pregunta  estúpida.
-Hoy cumple cuatro-la cara del pibe se iluminó.-¡Gracias doña!-alargó la mano y le sacó la bolsa. Se fue casi corriendo.
-No me digas doña-se dio media vuelta y dijo bajito “pelotudo”.
Salió a hacer unas compras. Podía tomar otro camino, pero pasó por la plaza.  A lo lejos, vio al pibe que revolvía la bolsa que ella le había dado.
 “¿Tendrá abrelatas?”Enseguida pensó que no era su problema.  Sin embargo, se quedó pegada a la imagen del chico.
Entró a la panadería, un espacio casi desconocido para ella.
- Quiero una torta de cumpleaños-usó el tono simpático que usaba  para las mujeres ; para los hombres sabía tener  una variedad de otros tonos.
-Buenos días ¿No?-le contestó la empleada.
-Hola ¿ qué tal?- Le mostró el blanco exagerado de sus dientes  mientras pensaba “Gorda resentida”.
-¿Qué va a llevar?-la chica que atendía el mostrador le hizo repetir el pedido.
-Te decía: una torta de cumpleaños.
-¿Cómo la quiere?
A esa altura, la seriedad de la vendedora  había alterado a Karen. Su encanto no funcionaba con ella. Qué le iba a hacer. Pura envidia.  Miró la variedad inaudita de postres y pasteles, masas y budines.
 -No sé, algo tranquilo…-no le importaba la impaciencia de la gente que esperaba detrás de ella.
-¿Y cómo sería una torta tranquila?-la cara de la chica gorda parecía tallada en madera.
Karen sintió un calor que se subía por el cuello y el deseo de estar en otra parte.
-¿Y señora?-la empleada la apuró.
-Menos mal que no me dijiste doña.
Enseguida  empezó a evaluar otra vez la vitrina. Era un muestrario de colores y formas. Eligió una torta de crema bordeada por un enrejado de chocolate bien oscuro. En el medio, un montecito de pequeños merengues coronado por golosinas  diminutas y guindas de verdad.
-Llevo esa- dijo entusiasmada por la elección.
-Ah…bueno. Pensé que quería algo sencillo-la empleada se dispuso a envolverla.
Cortó un buen trozo de papel blanco con el nombre de la confitería en dorado. Protegió la torta con dos tiras de cartón. La envolvió y la ató con una cinta brillante, como de seda.
-Son quinientos pesos.
Karen sacó una hermosa billetera de cuero color suela, que hacía juego con la cartera y las botas. Pagó con un billete nuevito y salió con paso triunfal a la vereda. La torta pesaba más de lo que creía. Caminó dos cuadras hasta la plaza, tratando de no resbalar en el piso húmedo.
En un banco apartado, estaba el chico, al lado su mujer con una camperita de jean diminuta y  un tatuaje en el cuello. La nena jugaba a patinar, pero sin patines.
La vieron llegar con el paquete prometedor.
-Es para tu hija- Karen estiró los brazos.
-Gracias doña…yo…-el pibe miraba alternadamente  a Karen  y a su chica.
-¡No me digas doña, la puta madre!
En eso, giró la vista y vio una parte de su manta sobresaliendo de uno de los cestos de la basura que el municipio había instalado en la plaza. El chico la  había desechado.
A Karen se le cruzó por la mente el momento en que la había comprado,  durante  una parada en el Valle Sagrado, camino a Machu Picchu,  en compañía de un tipo casado que le gustaba en serio.
 Retuvo la torta en sus manos, y con un gesto de profunda indignación les endilgó un: “Ustedes no valoran nada” mientras volvía sobre sus pasos.
La pareja miró con ojos inexpresivos la retirada  de la mujer.
 La nena siguió en su mundo de juguetes inventados.
Karen llegó a su casa y volvió a llamar a la amiga desde el teléfono fijo que estaba sobre la mesita del living.
-¿Ya te desocupaste? Menos mal, a ver si me das bola. Sí, tengo la voz un poco tomada. Nada…No, no es la medicación. Es este país de mierda. No se arregla más. Bueno, ¿Ya te decidiste por lo del botox? Dale que están de promoción. Dos por uno. La semana que viene te acompaño. Fui averiguar al nuevo gimnasio. Es sencillo pero está bueno. El mes que viene empezamos.  Avisale a las chicas. ¿Tenés que salir? ¿Qué te cierra el banco? Tu marido te va a dar la medalla a la mejor empleada del mes. Siempre apurada vos. Chau, si te acordás mi dirección podés venir un día que tengo el perro atado. Ah…también tengo una torta para el té. Si, si. Chau.
Cortó con bronca. A través de la ventana  podía ver las hojas del liquidámbar que a esa altura del año ya se estaban poniendo amarillas.
Se sentó en el sillón y tomó el celular. Le escribió algo a la amiga.  Se había olvidado de decirle lo más importante:
“Acordate que mañana tengo la última sesión de quimioterapia. ¿Me vas a acompañar, no es cierto?”
 Al final del mensaje, le mandó una carita sonriente.






domingo, 25 de junio de 2017


 "Dos veces nauseabundo"

 seleccionado por la organización "La Hora del Cuento" en su antología digital 2017, Página 87.
Gracias amigos de Córdoba.



lunes, 19 de junio de 2017

DIÁLOGO EN LA RIBERA




-“Como precisaba enarbolar bandera y no teniéndola la mandé a hacer celeste y blanca.
conforme a los colores de la escarapela…….”- El Dr. sigue dictando.
-¿Y para qué me precisaba?
-Para distinguirnos de los enemigos-el hombre contesta sorprendido por la pregunta.
-Para eso hubiera bastado hacer uniformes bien distintos.
-No es lo mismo, los soldados necesitan símbolos-  Lo dice como sabiendo que es obvio.
-Los símbolos deben representar algo, si no fuera así, una bandera es un simple trapo. Vuestra merced sabe que no soy un trapo.
-Hay mucho que necesita  ser representado.
-¿Por ejemplo?
-Sin ir más lejos, la población saqueada de estas costas.
-Ah….para eso hubieran mandado una fuerza de policía. ¿Estamos corriendo a los ladrones de ganado? ¡Por favor!
-Estamos asegurando las fronteras- se impacienta.
- ¿Cuáles fronteras? ¿De qué país? Sabemos que ya se ha separado el Paraguay.
-Justamente, el país es enorme, hay que salvarlo.- el hombre acusa el golpe.
-Una bandera para un  país en el que aparentemente sigue mandando el Rey de España, pero que no es España, y que combate a España. ¡Qué dislate!
-Puede que nos falte un nombre.  No tenemos fronteras seguras y hay que convencer y motivar a los pueblos. No hay industrias ni escuelas. No tenemos flota y el enemigo está cerca, ahí nomás en el río.
-Veo que por lo menos no está tan fuera de la realidad.
-La realidad……. Por supuesto, ese es el punto, una realidad nueva. Tenemos que empezar por algún lado. Salvaguardar los intereses de los criollos. Los españoles compran por dos para vender por cuatro. Esa ha sido su razón. Hasta en España se han alzado contra la tiranía. ¿Cuánto más hemos de esperar para salir de la miseria, la ignorancia, la ignominia? ¿No alcanzan estas razones para enarbolar Bandera?
-Tranquilo Manuel. Solamente quería estar segura.
Manuel Belgrano se despertó de golpe. El cansancio y el calor de febrero lo han hecho dormitar sobre su escritorio de campaña, en las barrancas del Paraná.

-

martes, 23 de mayo de 2017


PRESENTACIÓN DEL LIBRO

"ESCRITO EN EL VIENTO"

Una antología que incluye mi poema 
"Cartonera"



¡MUCHAS GRACIAS EDITORIAL DUNKEN!

domingo, 14 de mayo de 2017

“ALIMAÑAS”

Virginia y su padre estuvieron recorriendo la ciudad.
-En verdad no es como la imaginaba- la hija terminó su café después del almuerzo en una parrilla elegante de la Costanera.
-Vamos a caminar un poco.-propuso el hombre.
-¡Pero si es lo único que hicimos desde que bajamos del avión!-la joven mujer le reprochaba con una sonrisa cómplice.
Era sábado,  el tránsito estaba muy tranquilo y el sol otoñal plateaba las olas mínimas del río.
-¿Y cómo imaginabas que era la costa?-preguntó el padre.
-No sé, creí que la ciudad llegaba justo a la orilla…como La Rambla, que está siempre llena de gente. Pensé que se podía tocar el agua…es tan diferente.
-Bueno, esta es la llanura que se va hundiendo en el mar dulce…- El padre parecía  un guía de turismo exagerado. Sin embargo, su mirada se perdió por un instante hacia el este, dejando de lado el tono jocoso.
-¡Mar dulce! …¿Has visto?, ¿Quieres empezar la competencia de paisajes?-la chica reía desafiante mientras tomaba el brazo del hombre con cariño.
-  ¿Querés competir? ¡No te conviene, seguro que perdés!
-¡ Si en casa tenemos el Mediterráneo  y las joyas de Gaudí por todas partes!-dijo ella.
-Bien que te emocionaste anoche recorriendo las callecitas de San Telmo-retrucó el padre.
- ¡Y cómo no habría de hacerlo si hasta los diez años sólo escuché a Piazzolla!
 Virginia, según su costumbre, gesticulaba para darle énfasis a las palabras.
-¿Nos sentamos?, Estoy cansada.
Se acercaron a una parada de colectivos y ocuparon un banco de metal.
El viaje fue largo. Primero el vuelo de Barcelona a Madrid y allí la espera de varias horas en el aeropuerto.
La decisión de volver, aunque fuera solamente una visita, no fue fácil. Treinta años después de la partida, retornaban a la ciudad en la que habían nacido. Para Virginia, el lugar de su nacimiento era una simple anotación en el documento.
-Crucemos-el hombre parecía impaciente.
- Vale, vamos…, espera ¿Qué es aquello que se mueve enfrente?
-¿Dónde?
-En la calle-la chica se esforzó para enfocar la mirada mientras señalaba con el dedo. Hizo un gesto de profundo asco.
La primera rata pasó como un rayo muy cerca del cordón. Corría de la forma en que todas deberían hacerlo de acuerdo a los usos y costumbres, esto es, tratando de que no se note su presencia.
 Siguieron sentados. Observaron  con mayor detenimiento las barandas de cemento  en las  que la gente suele apoyarse y en las que algunos  ubican  sus cañas de pescar. También examinaron los árboles y los vendedores que ofrecían bondiolitas y sándwiches de chorizos.
 Estaban en eso cuando vieron a la segunda. 
Entonces, el panorama se aclaró y empezaron a florecer, como quién dice.
 Las vieron caminar por el follaje  de los robles y descolgarse dando saltitos de una rama a otra.  Subían y bajaban por los troncos. No temían ni titubeaban. Recorrían los baldosones del piso de a dos y hasta de a tres, compartiendo el trayecto con los dueños de los puestos que se desesperaban por disputarles el espacio.
 Formaban parte del paisaje como los aviones y el agua marrón.
-¡Ay por Dios!, ni loca me llevas por allí.-Virginia se encogió de hombros y movió su cabeza de un lado a otro.
-¡Pobrecitas…! Si las que andan por el Barrio Gótico son mucho más grandes-el padre se deleitaba haciendo rabiar a su hija.
Los dos empezaron a reír y a hacer bromas sobre el tamaño de las ratas en los diferentes puertos del mundo.  Aquellas que desde los barcos de todas las épocas, esparcieron la peste y  acompañaron la maldición de la rapiña.
Luego simularon discutir sobre los edificios emblemáticos de las dos ciudades.
-Puedes decir lo que quieras pero en todo Buenos Aires no he visto nada parecido a la Sagrada Familia-dijo la chica.
-Ni falta que hace.-contestó el padre rápido de reflejos.
Siguieron caminando  en dirección a  la Ciudad Universitaria. Ya no reían.
Las primeras esculturas del Parque de la Memoria se recortaron en el horizonte.
- Vení conmigo- la voz del padre, por primera vez, pareció una orden.
-¿Es necesario?
El hombre la miró con una tristeza infinita. Ésa que Virginia conocía bien.
-Sí. Tenés  que estar ahí cuando encuentre el nombre de tu madre.
Cruzaron  la avenida abrazados, las siluetas descarnadas de los árboles los guiaron.
 Caminaron despacio por los senderos  grises que se abren paso hacia la orilla.
Llegaron al muro inmenso, y mientras  acariciaban  las inscripciones de la piedra que lo  recubre, el aire del río empezó a soplar con fuerza.
Ellos no lo sintieron.
           




     Samanta Schweblin  Una escritora argentina  que arrasa en el mundo      Querida Samanta Schweblin:   Ignoro si alguna vez buscaste ...