sábado, 23 de abril de 2016

Monólogo de una máscara.   Por Graciela De Mary.


Desde anoche que estoy acá,  sobre la mesada.  El reflejo de este mármol negro con brillos infinitos  me estuvo molestando desde temprano cuando el sol empezó a entrar a raudales por los vidrios impolutos de esta cocina, que a primera vista parece otra cosa. Abundan en este ambiente los frentes de acero inoxidable en una sucesión de artefactos cuyas funciones no conozco del todo aún. Después de todo,  la posición horizontal me impide tomar conciencia del espacio que me rodea, así que solamente puedo atisbar los alrededores.
Reconozco que no debo quejarme porque al  fin abandoné la estantería del negocio de disfraces.  Estar ahí resultaba un verdadero fastidio porque una máscara como yo puede perder fácilmente su identidad mezclada con tanto cotillón barato cuya única misión en este mundo es inducir a una alegría que casi nunca es genuina.
 Represento a una linda calabaza, con un gesto simpático, debido a  mis  prominentes mejillas. A pesar de que se supone que debo asustar, no me siento para nada fea.  Los únicos detalles sombríos son las profundas ojeras  negras que pintaron  alrededor de los orificios de los ojos y las comisuras de los labios ostensiblemente  deprimidas hacia abajo. Más que miedo creo que transmito desazón o cansancio.
 Ahora estoy en una casa y tuve tiempo para familiarizarme con sus habitantes. Es increíble lo que se puede saber de los demás simplemente escuchando y atando cabos.
 Por suerte  terminó el manoseo al que me sometieron aquí cuando llegué;  ese ir y venir desde el vestidor al espejo, y el tironeo inexperto de la señora, y los berrinches descontrolados de la niña, y los aprontes temerosos de la mucama.
Parece que se decidieron. Mejor dicho que la señora se decidió, se resignó,  o ambas cosas.
 Dios sabe lo que le cuesta ponerse a tono con las otras señoras para que no se note su reciente llegada a esta comunidad.  Su juventud no la ayuda. En cambio, los rasgos de su rostro que parecen salidos de una fábrica de caras y su figura  perfecta de gimnasio sí lo hacen. Las dos últimas cosas abundan por aquí, no tanto como la primera.
Elegirme a mí fue un acto de fe  de la señora, que le agradezco.
 Acepto gustosa el reto al que me somete, es decir, acompañar a la niña a este evento al parecer tan importante y fundamental en la vida de toda familia del norte que se precie de tal.
Si hay que disfrazarse de cosas horrendas- no porque yo lo sea, obviamente- es necesario tomar el toro por las astas, como suele decirse.
En la escuela  de la comunidad se esforzaron para que el acto tuviera una finalidad pedagógica y le enseñaron a los niños todo sobre la tradición de celebrar Halloween,  tan cara a los gustos de la gente del norte, pero del conurbano bonaerense, que no será el mismo norte pero que no tiene nada que envidiarle al verdadero.
¿Acaso este país no se ha construído con gente que bajó de los barcos?
 Tampoco Papá Noel habitaba las pampas indómitas y sin embargo ya es uno de los nuestros. No se a qué viene tanto prurito nacionalista de algunos trasnochados.
Ignoro la razón por la que me eligieron. Tal vez por mi llamativo color naranja.  Tuve que competir con otras propuestas que iban desde pálidas vampiras hasta asesinas seriales. Todo bastante inapropiado para una niñita.
Cierto es que no tuvieron en cuenta la opinión de Coco.
Perdón… de Leopoldo. Olvidaba que solamente los empleados de su  corralón de materiales lo siguen llamando Coco, nadie más lo hace sin provocar la ira de la señora.
Como sea, Coco- me tomaré el atrevimiento de llamarlo así- espera resignado en la cocina-laboratorio mirando la gran  pantalla del televisor  sin interés.  Él hubiera preferido ver a su hija vestida de princesa o de  hada madrina.  Pero, como atinadamente afirma la señora, él no entiende nada. Todo su sistema de creencias se ha modificado  aquí en el norte.
En Ciudadela, donde nació y vivió hasta los cincuenta años y donde heredó el corralón de sus padres, todo es bien diferente. Por eso le cuesta adaptarse al norte.
 Le cuesta pero le gusta.
De la misma manera que le gusta la señora  por su forma de caminar, su ropa, su pelo, el cuerpo perfecto que sabe mostrar.
Tan distinta es a Claudia, su primera esposa,  que sigue en Ciudadela y con quien ya no habla porque si bien pudo aguantar los insultos y hasta la furia impotente  de sus golpes  durante el proceso del divorcio,  ya no puede tolerar su pena.
 Claudia nunca hubiera sometido a la niña al proceso tedioso de probarse disfraces  para la fiesta de Halloween,
Además de la máscara,  es decir de mí,  que soy el elemento principal,  el atuendo se completa con una peluca desmechada y una túnica de bruja  de color negro cuyo uso puede considerarse una tortura dado el calor que hace en esta época de octubre.
 Pero Claudia tampoco se sometería a las cirugías que le permiten a la señora  lucir sus vestidos y otras tantas cosas que son justamente las que marcan la gran diferencia entre las dos.
Coco eligió y solamente de a ratos se arrepiente.
!Pensar que las personas creen que se pueden ocultar detrás de nosotras!
Con gran cuidado me amoldo a la carita de la niña quien aprendió a sollozar calladamente cuando advierte que su madre está realmente alterada.
Por cierto, el tiempo vuela y ya es hora de partir. 
El señor Leopoldo- como lo llama la mucama- ya  puso en marcha la camioneta. Se ha hecho tarde.
Salimos y aprecio el paisaje de jardines perfectos  en esta mañana de primavera.
 La familia se cruza y se saluda con otras familias que con satisfacción se encaminan al mismo lugar que nosotros,  a disfrutar de la fiesta.
Voy cómodamente instalada y me arrulla el andar suave del vehículo por el camino apacible.
La camioneta sale del barrio, tomamos por una calle arbolada y a las pocas cuadras advierto a lo lejos el edificio nuevo y elegante de la escuela de nombre extranjero.
Extrañamente no me siento del todo ajena por mi condición de máscara.
 Podría decirse que al fin estoy entre los míos.




7 comentarios:

  1. Gracias querida amiga. Y si,la tentación es fuerte y somos humanos pero es bueno tenerlo claro.

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    1. Gracias por el tiempo dedicado a leer lo que escribo y por la opinión

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  3. Muy bueno!!!! Me encantó. Felicitaciones

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  4. Muy bueno, un pequeño golpe a esa festividad que quieren imponer y que por suerte (por ahora) no termina de arraigarse.
    Me gusta desde el punto de vista en que está contado, me hizo acordar a "La casa" de Mujica Láinez. Libro que debería releer.
    Un beso Gra!

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    1. Gracias. Qué bueno que te haya hecho acordar nada menos que a "La casa".

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    2. Gracias. Qué bueno que te haya hecho acordar nada menos que a "La casa".

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