jueves, 25 de agosto de 2016

Las llamas de la llanura.



-Ahí está, es tuya!- me dijo la llama blanca.
-¡Si, por fin!-  embisto a la mujer que Intenta disimular. No resiste mucho la presión y  empieza a caminar algo nerviosa entre los pinos y el gran ombú.
 La cercamos.
 La señora de gafas negras y gorrito deportivo que pasea por el  parque de la estancia  lujosa, perdió la compostura y ahora grita desaforada: “Jerry, Jerry”
El tal Jerry la escucha sentado sobre el césped,  intenta pararse pero el vino tinto con el que ha acompañado las empanadas exquisitas lo hace tambalear. Desiste.  Ya le han dicho que  somos inofensivas.
La mujer sigue asustada entre nosotras que la empujamos y no la dejamos escapar. Imponemos nuestra altura.
 Nos hacemos una seña y sincronizadamente nos apartamos un poco;  ella se escurre y entonces  tenemos  el gran placer de correrla.
¡ Ah, cómo nos divertimos!
-¡Help meeeee!
A todos los demás les ha dado un ataque de risa. Entonces viramos nuestro rumbo y el contingente de yanquis huye en desbandada justo cuando los paisanos iban a empezar a tocar la guitarra.
 ¿Serán gauchos auténticos o tan falsos como nuestra condición de llamas de llanura?
-¡Vamos, vamos! Que no se acerquen a la galería. ¡Contra el alambrado! –se desgañita mi compañera blanca.
Me da un poco de pena, pero me acuerdo  del vallecito tranquilo, de las piedras y los cardones  y de cómo nos arrancaron de todo aquello. Entonces corro con más fuerza.
 Así aprenden que no somos un número de circo.




miércoles, 17 de agosto de 2016

DESENCUENTRO .





-No vas a ningún lado- la madre estira el cuello para ver el cielo desde la ventanita de la cocina.
-¿Por qué?- la hija se hace la desentendida, mientras se saca los hilos de la ropa.
-¿ Adela, no ves cómo está?-insiste la madre- .
-¡Pero si todavía no llueve!-ahora apila los bolsillos recién cosidos.
- ¿Adónde vas a ir vos? Si se viene una tormenta-el hermano mayor entra y se calienta las manos en la hornalla prendida. –Poné la pava, vieja.
-vos saliste igual-la hermana guarda ahora la tijera en el cajón de la máquina de coser.
-A trabajar... Dale,  hacete unos mates- y la orden vino disfrazada de pedido.
- Y yo recién termino de coser, todo el día con el pedal dale que va- la chica se estira la blusa.
-Si, escuchando a los Pérez García  y chusmeando con las de enfrente, lindo trabajo. Te lo cambio por el taller-se despatarra el hermano en la silla con asiento de paja y respaldo de madera apenas lijada.
-Y vos que llegás y tenés todo listo para ir tranquilito a las carreras…..
-No empiecen-la madre llena la pava inmensa y la pone sobre la hornalla; corta el pan.
-Me voy, vuelvo enseguida- la chica se escurre hacia la puerta y sale a la galería.
-Te digo que viene una tormenta fuerte- el hermano se impacienta y la agarra del brazo.
-¿Qué pasa acá?- El padre abre la puerta de la calle, se saca la boina azul oscuro y se la pone debajo del brazo.
-¡Ésta, que quiere salir ahora con este tiempo! Qué van a decir los vecinos, que es una atorranta, que no tiene familia- el hijo no la suelta.
-¿Adónde va m’hijita?-el padre la mira con ojos bondadosos.
-A lo de Elisa, por los trajes…- los ojos de la chica le imploran al padre-
-¡Mentira!, Seguro se va a ver con alguno- se indigna el hermano.
-¡Cuidado con lo que decís!- suena gastada la voz del padre.-
-A lo de Elisa podés ir mañana, faltan dos semanas para carnaval- la madre le tiende un mate al marido.
-Pero quedé en ir hoy!- La chica casi suplica pero su voz se pierde porque el aguacero  se precipita y retumba como una catarata de clavos sobre el techo de chapas de la galería.
-Entren- dice la madre.
-Adentro- el padre toma del hombro a la hija que ha empezado a lagrimear.
-Es por tu culpa-grita la chica y revolea un cono de hilo directo al ojo del hermano que apenas tiene tiempo de esquivarlo.
-Pero que hacés desgraciada!- Y la corre alrededor de la mesa enorme de madera maciza pintada de verde oscuro.
-Hacé algo!-la madre intenta frenar lo que se veía venir.
-Basta, mierda! paren los dos- el hombre viejo que solo quiere descansar intenta poner orden con gesto más cansado que enojado- Mirá que sos grande, vos- se dirige al muchacho.
-Buenas…!-La vecina  ha entrado a la galería y golpea el vidrio de la puerta de la cocina pero nadie la escucha – Buenas!-repite casi gritando con un plato cubierto con un repasador y protegido con todo su cuerpo. Entra-  Les traje unas tortas fritas.
-Pase, pase- el muchacho disimula y deja en paz a la hermana. Todos miran a la vecina que chorrea agua como si fuera un paraguas recién usado.
-Pero por qué se molestó- la madre aparenta tranquilidad.
-No, al contrario, no es molestia- y la vecina se mira la punta de los zapatos y levanta la mirada santurrona y la clava en los ojos del hombre joven
 -Pero siéntese, ¿Quiere un mate?¿Ha visto qué tormenta? Está lindo para comer unas buenas tortas fritas.-Le devuelve la mirada, pero casi maliciosa.
-Yo sé que usted le gustan.- se sienta la vecina y se acomoda los mechones debajo de la vincha.
-¿Y cómo anda su madre?- el viejo le sigue el juego al hijo.
-¿Se mejoró su abuela?-La madre se sienta al lado de la vecina.
-Si, la abuela ya está mejor, gracias, le manda saludos-la mujer se arregla la ropa mojada.
-¡Y a mi qué me importa todo eso, vos hacés lo que querés por ser varón!-cruza una mirada con odio a su hermano y se va a la pieza de adelante.
- ¿Qué decía? Ah! Sí, su abuela, pero mire cómo se ha mojado, ¿Le traigo una toalla?-Sobreactúa el joven. Disimula.  Intenta  tapar el llanto furioso de Adela.

Querida Elisa:
Te dejo la presente porque no te encontré y encima me mojé toda. Menos mal que tenía el cuaderno de corte y confección en el bolsillo del saco así te puedo escribir. Como no me dejaban salir por la lluvia, me hice la que lloraba y mientras tanto salté por la ventana de la pieza. En la cocina estaban los viejos y mi hermano con la marmota de la vecina que siempre que puede viene a ver si se lo puede levantar. Había quedado en ver al muchacho que te conté. Ahora me voy para la esquina de Mitre y Paso a ver si todavía no se fue. Si me descubren y te van  a preguntar deciles  que fuimos a ver las telas para los disfraces. Chau, después te cuento.  
                                                                                                                      Adela.

Ya sabía que no iba a venir. No tengo suerte y encima con esta tormenta y para esto pedí salir antes del laburo. Quien me mandó fijarme en esa piba. Me jorobó. O a lo mejor no vino por la lluvia. Ya pasó una hora. Y no, no viene. ¿Dónde vivirá? Seguro que por acá cerca. No, no se ve a nadie. Ya está parando. El vigilante de la esquina me está mirando feo. Y no, no espero más. A ver si todavía termino en cana. Le voy a preguntar por donde tengo que agarrar para llegar a la estación.  Me vuelvo caminando total de esta esquina de Belgrano y Paso deben ser como doce cuadras.
A lo mejor me la cruzo.