domingo, 25 de junio de 2017


 "Dos veces nauseabundo"

 seleccionado por la organización "La Hora del Cuento" en su antología digital 2017, Página 87.
Gracias amigos de Córdoba.



lunes, 19 de junio de 2017

DIÁLOGO EN LA RIBERA




-“Como precisaba enarbolar bandera y no teniéndola la mandé a hacer celeste y blanca.
conforme a los colores de la escarapela…….”- El Dr. sigue dictando.
-¿Y para qué me precisaba?
-Para distinguirnos de los enemigos-el hombre contesta sorprendido por la pregunta.
-Para eso hubiera bastado hacer uniformes bien distintos.
-No es lo mismo, los soldados necesitan símbolos-  Lo dice como sabiendo que es obvio.
-Los símbolos deben representar algo, si no fuera así, una bandera es un simple trapo. Vuestra merced sabe que no soy un trapo.
-Hay mucho que necesita  ser representado.
-¿Por ejemplo?
-Sin ir más lejos, la población saqueada de estas costas.
-Ah….para eso hubieran mandado una fuerza de policía. ¿Estamos corriendo a los ladrones de ganado? ¡Por favor!
-Estamos asegurando las fronteras- se impacienta.
- ¿Cuáles fronteras? ¿De qué país? Sabemos que ya se ha separado el Paraguay.
-Justamente, el país es enorme, hay que salvarlo.- el hombre acusa el golpe.
-Una bandera para un  país en el que aparentemente sigue mandando el Rey de España, pero que no es España, y que combate a España. ¡Qué dislate!
-Puede que nos falte un nombre.  No tenemos fronteras seguras y hay que convencer y motivar a los pueblos. No hay industrias ni escuelas. No tenemos flota y el enemigo está cerca, ahí nomás en el río.
-Veo que por lo menos no está tan fuera de la realidad.
-La realidad……. Por supuesto, ese es el punto, una realidad nueva. Tenemos que empezar por algún lado. Salvaguardar los intereses de los criollos. Los españoles compran por dos para vender por cuatro. Esa ha sido su razón. Hasta en España se han alzado contra la tiranía. ¿Cuánto más hemos de esperar para salir de la miseria, la ignorancia, la ignominia? ¿No alcanzan estas razones para enarbolar Bandera?
-Tranquilo Manuel. Solamente quería estar segura.
Manuel Belgrano se despertó de golpe. El cansancio y el calor de febrero lo han hecho dormitar sobre su escritorio de campaña, en las barrancas del Paraná.

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jueves, 8 de junio de 2017

Bien lejos de Puente Blanco





  El hombre, sin apartar la vista del partido, le dijo a su mujer:
-Mirá a ese pibe.
-Ya lo ví.
-El de amarillo.
-Ya sé.
 La sra. de Oliveira tenía el ojo entrenado.
-Es un fenómeno, cuando terminen, voy a hablar con él- Oliveira ya pensaba en reclutarlo.
 -Estamos de vacaciones.
-Es un minuto.
-¡Dásela al Facu!- alguien gritó y el chico de amarillo, menudito y morocho, le pegó de aire, la clavó en el ángulo y fue llevado en andas hasta la mitad del campito polvoriento.
 Los ojos del Facu, inexplicablemente verdes, brillaban de júbilo. Si  usara turbante, se confundiría con un poblador de las montañas de Afganistán. Pero los cerros que rodean a Puente Blanco son  más amigables. Comparten sus tonos ocres con las casas y la comida de la gente.
Oliveira ubicó enseguida a la familia.
-Usted  sabe que este chico tiene un don especial. En Buenos Aires puede llegar a ser un gran jugador- al coordinador de las divisiones inferiores le costó bastante convencer al padre: tres viajes a la quebrada y la promesa de cuidarlo como a un hijo.
Al Facu lo instalaron con otros pibes en una pensión blanca y ordenada.  Entrenamiento a la mañana, escuela a la tarde y gimnasio tres veces por semana. El resto era dormir y llorar.
El día del examen físico para la inscripción oficial, lo despertaron muy temprano.
 Lo vinieron a buscar a él y a tres chicos más de la pensión.
El viaje en tren fue tranquilo, pero en la escalera mecánica del subte, casi tropezó al final del trayecto.
Bajaba la mirada  para evadirse de las cargadas de sus  compañeros, pero cuando se sentó en el   vagón  no pudo disimular el asombro al ver a  una  mujer  embarazada vendiendo  curitas. Era muy flaca y le faltaban casi todos los dientes.  Estaba convencido de que en Puente Blanco ninguna señora andaba así, tan sola y pobre.
Cuando salieron de la estación, el tránsito alterado del Centro lo aturdió. Enseguida entraron a un hospital enorme y lleno de gente haciendo filas en los pasillos.
Primero le extrajeron sangre. Fue el último en entrar y se mareó pero no dijo nada y solamente salió tanteando la pared para no caerse.
Después le hicieron una placa de tórax y se puso nervioso porque no sabía dónde dejar su ropa y el radiólogo que lo apuraba  y que le dijo secamente  “Esperá acá” y el chico que dudaba entre  vestirse o quedarse así.  A los pocos minutos el tipo le entregó la radiografía con la orden de llevársela al médico que le iba a hacer la revisación.
Facu salió de la sala de rayos y ya no supo para que lado caminar. No veía a nadie conocido.
Llegó a hall central del viejo hospital. Estaba seguro de que no habían pasado por ahí. Subió y bajó las escaleras de mármol varias veces. Miraba las flechas que ordenaban el tránsito resignado de la gente pero que no tenían sentido para él. El tiempo pasaba y cada minuto se asustaba más.
Salió por una puerta que daba a un lateral del edificio.  En una especie de vereda amplia, había andamios y materiales de construcción pero nadie estaba trabajando. Se sentó en el piso, rodeó sus piernas privilegiadas con los brazos y hundió la cara entre las rodillas. No había manera de disimular el miedo ni la pena.  Lloró mucho.
-¿Qué va a pensar Oliveira?, seguro me manda de vuelta…
-¡Acá está, acá está! ¿Dónde te habías metido boludo?-los gritos de uno de sus compañeros lo puso en guardia.
Se paró de un salto.
-¡Ehhh viejo, por fin!  ¿Tanto tiempo tardaron? ¿Cuándo vamos a comer?- dijo evitando la mirada del entrenador.
Oliveira respiró aliviado.
El Facu , con cara de enojado y sacando pecho,  pasó por delante de todos como si enfilara  para el medio de la cancha después de meter un gol olímpico.